viernes, 30 de enero de 2009

Cabañuelas.

Creencia popular que consiste en predecir las condiciones climatológicas de cada uno de los meses del año a partir de la observación de cada uno de los días del mes de enero. Según esta creencia, el primer día de enero corresponde a este mes, el segundo día a febrero, y así sucesivamente hasta llegar al 12 de enero que correspondería al mes de diciembre; luego, a partir del día 13, se cuentan los meses al revés, correspondiendo el 14 a noviembre; el 15 a octubre, etc. Los últimos seis días de enero se cuentan a razón de dos meses para cada día; de esta manera, el día 25 correspondería a los meses de enero y febrero; mientras que el día 30, a los de noviembre y diciembre. Finalmente, cada hora del día 30 y uno abraza de manera sucesiva dos meses.

Las cabañuelas empiezan el primero de enero y salen hasta el día 31; primero van corriendo los meses del uno hasta el 12 de enero, del 13 al 24 de enero, los meses se regresan. Luego, los meses se vuelven a contar diariamente, pero van en pares, el día 24 salen de dos en dos: enero y febrero, marzo y abril, mayo y junio. Finalmente, el 31 están saliendo los meses cada hora de dos en dos.

(María Dolores Cárdenas Bravo; Hualahuises)

domingo, 25 de enero de 2009

Cabresto.

Soga hecha con crin de caballo, vinculada a las faenas rurales y con algunas nociones mágicas. Se asocia a los tesoros: la colocan sobre el dinero escondido y se convierte en víbora cuando otros intentan desenterrarlo. En el mismo orden de ideas, un diablero transforma reatas en ofidios para intimidar y probar el valor de sus compañeros. Los vaqueros evocan el uso del cabresto negro contra peligros humanos y animales; la soga, colocada en el campamento, semeja a la víbora prieta y ahuyenta a la serpiente de cascabel. A lo anterior se suman las siguientes narraciones o creencias: un indio usaba una de estas sogas con un sombrero en uno de sus extremos para saber por dónde venían los enemigos y cuántos eran; otro individuo “cabresteaba” la tierra al tiempo que le hablaba a un remolino de viento (manipulando al remolino de un lado para otro). Tener un cabresto negro y buen caballo implica ser una persona preparada y de valor. Además, los individuos embrujados pueden mejorar su salud si son “cabresteados” (azotados con dicho lazo).

Se hacía con esa crin de caballo un cabresto: una reata, y si era una enfermedad leve con ésa se curaban (o con tierra del marrano...). Aquí el cabresto de cerda de caballo se acostumbraba de cualquier color.

(Gregorio Gámez Villanueva; Mier y Noriega)

Las reatas negras las ponían para que no se arrimara la víbora de cascabel, porque viendo la serpiente de cascabel a la víbora negra (la víbora prieta), le tiene miedo; por eso se ponía un cabresto alrededor de donde uno dormía, para que no se arrimaran las de cascabel.

(Sr. Arévalo Villanueva; Linares)

El último cabresto que vi yo se lo hizo un señor que se llamaba Genovevo Salazar; él era de aquí, de San Vicente. Se lo regaló a un hermano mío –en paz descansen los dos.

Fue un trabajo bien acabado ¡qué artistas ni qué nada! ¡Bien bonito! Una cosa ¡bien acabada!, que ni de fábrica.

Ese hombre tenía muchas bestias y trabajaba mucho eso: la cerda, la crin del caballo. Ese cabresto era de color negro y blanco; tenía un hilo blanco, era una especialidad ¡pero bien retorcido, una cosa bien bonita!

(Román Flores Ramos; Melchor Ocampo)

Una noche estaba sentado junto a una fogata con un guardia cuando ambos vieron que algo se acercaba arrastrándose como reptil. Pensaron que era una víbora, pero ambos se llenaron de terror al ver que lo que serpenteaba no era sino la soga, que se detuvo ante ellos a unos siete metros, entonces empezó a alargarse y a aumentar de diámetro, un extremo se volvió abultado, se formó una boca con dientes cónicos y afilados, enormes ojos aparecieron al mismo tiempo que los orificios de la nariz, y una lengua delgada y dividida en dos por la punta se distinguió. Se cubrió de escamas verdosas. Al fin la soga se transformó en una serpiente (...)

El teniente murió después de pasar por terribles sufrimientos. En su peor pesadilla soñaba que una soga se transformaba en serpiente y lo atacaba. A pesar de haber sido un hombre muy cruel, con sus sufrimientos pagó el daño que hizo a otras personas durante su vida.

(Georgina Arrambide, “El misterio de la soga”, General Terán, en: Colectivo, Silueta de mi sombra,p. 8-9)

Véase: Bruja, Caballo, Diableros.

martes, 20 de enero de 2009

Cacalote o Cascalote.

Véase: Cuervo

jueves, 15 de enero de 2009

Cacería.

Es relativamente común la caza de animales como una forma complementaria de sustento alimenticio (venado, aves silvestres, tejón, rata del monte); para obtener instrumentos y productos (piel de víbora para cintos, concha de armadillo para colgar cosas); con propósitos mágico-decorativos (cola y pata de conejo, uña de león, colmillos de oso y jabalí); con intenciones comerciales (cueros de felinos y zorra); para usos terapéuticos (piel y grasa de coyote, cebo de tlacuache, huesitos de víbora de cascabel). En muchas comunidades rurales sacrifican animales salvajes por necesidad alimenticia. Cazar animales de manera exagerada propicia el encuentro con bestias cuya visión y gritos atemorizan a los monteadores. Tal es el caso de un venado al que no se puede matar, a veces identificado con el diablo.

Un buen cazador debe tomar en cuenta –entre otras– las siguientes circunstancias: época del año, dirección del viento, tipos de rastro y olor, lugares que frecuentan los animales, las características de los ojos del animal ante el reflejo de la luz, diversas técnicas como untarse hierbas, dar de comer a los perros trozos de corazón de venado, usar trampas de hierro, lazo y anzuelo. Naturalmente, existen muchas exageraciones y relatos jocosos vinculados a la práctica venatoria; por ejemplo, del norte al sur de la entidad es posible oír relatos acerca de cazadores ciegos que atinan a su presa apuntándole con el oído, o de otros que sujetando armadillos de la cola, son arrastrados cientos de kilómetros bajo tierra, finalizando su odisea con la muerte del animal, desbarrancado en las márgenes del río Bravo.

Es metáfora de emboscada, persecución y asesinato de personas.

A un tío mío lo mordió un oso, y entonces mataron al oso porque ya iba herido cuando lo mordió. Lo mataron y le quitaron los colmillos... y esos colmillos se los encargó un señor para hacer un llavero, como para un llavero.

(Refugio Flores Peña; Villa de Santiago)

Pos fíjese que en El Milagro no acostumbrábamos cazar; a duras penas, cuando mucho, un conejito, un conejo. Porque las liebres nunca las querían mis hermanos, las liebres no.

Y aquí, en Icamole, acostumbran comerse el tlacuache, el tejón, las liebres, las ratas; pero allá en El Milagro, mis hermanos no.

O sería que estábamos... por ejemplo, el río llevaba mucho pescado ¡bastante!, así es que iban y pescaban, sacaban las... de pescado ¡bastante!, y teníamos mucho cabrito, muchas gallinas; si por suerte se nos iba una vaca pa la vía y la mataba el tren, ¡pos ya nos la comíamos entre todos!

Y les digo, todo el ranchito comía, yo creo por eso era que casi no cazaban.

Cuando mucho, mucho que mataran, que agarraran en las trampas –cuando andaban con las trampas– en tiempo de frío, un conejo.

(Hipólita Coronado Rojas; Villa de García)

Ahí en La Chilosa hubo un... –el ojo de agua es La Chilosa– un venado que nadie lo dominó. Según dice la gente, ¿verdad?, y muchos, que nadie lo dominó; dicen que se venía caminando el venadito ¡grandote!, astas grandes.

Y entre más le tirabas [disparabas], más se acercaba, entre más le tirabas, más se acercaba, en la mera frente; y como te digo, buenos tiradores [cazadores].

Ésos no fallaban con una carabina treinta treinta, entre más le tiraban y le pegaban, más se acercaba. Y ahí viene y ahí viene, hasta que no había más que... lo veían que... los ojos, los ojos del venado, ¿verdad?, como que aventaban lumbre. Además sacaba la lengua así [gesto a manera de imitación], sacaba la lengua al tirador como saboreándose.

Y ya, por decir, a diez metros ¡otro disparo!; y ya no se acercaba el venado, nomás les sacaba la lengua el venado, ¡pero grande!, no creas que chiquillo ¡un venadote! Sacaba la lengua nada más...

Lo que dicen los buenos cazadores que hubo... que le miraban los ojos como brillosos y que... caminaba un poquito más, así, y se paraba otra vez. Y como la carabina treinta es de siete tiros dejaban uno pa... pa... ya mejor no le tiraban...

Bueno, y decían que era una protección de los animales, que eso era una protección de los animales que siempre habían matado. Porque los mataban encandilados con luz o cuando tenían que bajar al agua, eso es lo que decían.

Los mataban porque allí era... la gente cazaba de noche (...)

Y yo creo que ése podía ser... pos un apoyo para que ya no los cazaran de una forma tan inútil, ¿verdad? Porque los encandilan, los emboscan con ventaja cuando van al agua.

(Manuel López García; General Terán)

Véase: Armadillo, Cócono, Conejo, Coyote, Jabalí, León de la sierra, Lobo, Nagualismo, Oso, Pantera, Tejón, Tlacuache, Venado, Víbora, Zorra.

sábado, 10 de enero de 2009

Cadernal (Cardinalis cardinalis).

Ave de plumaje comúnmente rojo; afirman que es corajuda y, por tanto, no puede permanecer largo tiempo en cautiverio. Algunos añaden que se golpea contra las paredes de la jaula hasta causarse la muerte. Su nombre es una metátesis de “cardenal”.

lunes, 5 de enero de 2009

Camaleón (Physrnosoma cornutum).

Reptil al que se asigna influencia benéfica en cuestiones de amor; se utiliza como amuleto (disecado, molido). Además, nuestra gente le atribuye poder sobre los vientos y las aguas; acostumbra colgarlo de cercas y arbustos en tiempos de sequía para invocar corrientes de viento y lluvia. Se suele decir que se alimenta de aire y algunos lo llaman “torete”.

Todavía ahorita dicen que hay gentes que se protegen con animalitos del monte pa que haiga cariño.

Bueno, a mí me platicaba un muchacho amigo mío –ya hace muchos años–, me platicaba que el camaleón era muy bueno porque lo matabas y lo ponías a secar, y ya seco lo molías. Y afirmaba que luego se usaba el polvo, ¿verdad?, para echarle a las mujeres. Entonces las mujeres ¡pos se casaban o se enamoraban de aquella persona!, de aquella persona que les echaba polvo de camaleón...

La gente más antes pescaba el camaleón... ya ven que ese animalito tiene unos cuernos, bueno, ahí en esos cuernos le amarraban cualquier hilito y lo colgaban, y cuentan que a los dos, tres días, se venía el agua, la lluvia.

Pero ésas eran costumbres que ya pasaron, porque ahorita no, –cómo les diré– ahorita la gente pos no es creyente.

(Juan Cruz Alonso y Jesús Cruz Alonso; Lampazos)

Los camaleones son pa la buena suerte. En mi sierra sí hay porque una vez pisamos dos yo y mi abuelo. Andábamos por entre el monte siguiendo unos venados y salieron dos animalillos de ésos. Son así como sapos, pero de color gris y con bastantes puntitas arriba, puntitas así como las que tienen las iguanas.

Esos camaleones mi abuelito los mató con el rifle, ¡pero ni les salió sangre!, y cuando se los echó a la bolsa iban pataleando, casi vivos.

Se los echó a la bolsa y luego ¡pal mes o dos! ya decía la gente “¡ah, Valeriano trae... si bieras visto la muchachona que trae!”. Y eso que ya... ya está viejo mi abuelo. Bueno, pues así como está de viejo, decían “¡no, si bieras visto la muchachona que trae Valeriano, nombre, te asustas!”.

Ese camaleón que mató y guardó mi abuelo se fue acabando en la bolsa y quedaron los puros huesos; después de traerlo en la bolsa tanto tiempo se secó el animalito.

Trayendo un camaleón se te pegan las muchachas. Haz de cuenta que alguien dice “¡ira! qué bonita aquella muchacha”; así, la muchacha al ver a alguien que porta un camaleón presiente algo –pero por el animalito. Entonces ella va y le habla al muchacho (la mujer sola, sin que el hombre le hable). Va la muchacha sola a declarársele al chavo, y eso es por el animalito, por el camaleón.

En el pueblo yo he visto a mucha gente que los trae, o sea... más bien les he tocado las bolsas donde los llevan; así, a amigos míos les atoco las bolsas y les digo:

–¿Qué traes ahí?

–Nombre, nada –contestan, pero no les creo.

–¡Órale!, me tienes que decir qué traes ahí.

Así, hasta que algunos me dicen por fin qué traen. Entonces sacan el camaleón forradito pa que no se acabe, pa que dure muchos años.

Eso lo he notado en primos y amigos. Un amigo y un primo míos tienen un rancho llamado La Hacienda Villafaña, que está en la salida de Monterrey, allá donde termina Monterrey. Ellos usan el camaleón, o sea, van a la cacería y matan animales de ésos, y cuando los venden, los venden en dos o trescientos mil pesos, máximo cuatrocientos; así, camaleones grandotes y chiquitos.

(Víctor Hugo Briones Valdez; Rayones)

martes, 30 de diciembre de 2008

Camino del cielo.

Según pláticas dispersas, existe un camino por donde transitan las almas salvas hacia la gloria: el Cielo cristiano.

Es el camino del cielo, que es donde van las almas a la gloria.

(Efraín Segundo Rosales; Mier y Noriega)

Ah, pos nos decían que cuando uno se moría se encontraba con dos caminos: el de la gloria, que era de puras espinas, y el del infierno, que era de puras flores; y pos todos escogían el de las flores, pero ¿luego pa regresarte? Ya no te regresabas porque ya eras del diablo.

(María de los Ángeles Carrera Pequeño; Linares)

Véase: Camino de Santiago, Cielo.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Camino de San Pedro y San Pablo.

Véase: Camino de Santiago.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Camino de Santiago.

Bajo este nombre se conoce, en algunas comunidades rurales, a la Vía Láctea. Lo describen como una polvareda producida por una carrera de caballos entre los apóstoles Santiago, Pedro y Pablo. Otras versiones afirman que es representación de Santiago practicando coleaderas (suertes a caballo) en el cielo. Es plenamente visible durante el verano.

Va el camino del patrón Santiago por las alturas, y cuando ya se están llegando las fiestas de ese santo, el camino está directo a la iglesia, directo a la iglesia de Valladares –eso era de la gente. Y en otros tiempos el camino de Santiago está apuntando para otra parte...

Aquí se venera, en Santiago Valladares, Coahuila, el 25 de julio. Durante esas fechas aquí se pone el camino... [señala al cielo]. Es el tierral donde va él al galope, va a caballo haciendo una polvareda de la fregada, pero...

(Felícitas Chávez Hernández y Nazario Hernández Briseño; Lampazos)

La polvaredita sale en el viento, ¿verdá?, no todo el tiempo la ve uno, pero sí sale... Sí, eso sí se ve en el cielo, como un humito donde va el caballo... porque Santo Santiago era de a caballo.

Al principio, de primero, sí se veía desde dónde venía el camino. Se veía como un humito, como un humito pegado allá arriba, al cielo, y decía papá: “Vengan a ver a Santo Santiago cómo va, va a caballo corre y corre, yo creo lleva la rienda en el viento”.

(Florencio Pedraza y Basilia Gauna Sánchez; Hualahuises)

Véase: Astros, Camino del Cielo, Cielo, Santos.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Campamocha (Slagmomantis limbata).

Insecto al que se le atribuyen efectos adversos; en las prácticas de brujería lo preparan para dañar la salud de personas y animales. Las vacas revientan y mueren cuando la comen. Semeja una ramita seca.

Eran dos señoras que se habían peleado muy, muy feo, después se conformaron y una de ellas estaba lavando en un arroyo cuando la otra fue encarrerada a llevarle unos frijoles refritos con algo más de comidita, porque cuando uno está lavando le da un hambre que ¡híjole! Entonces aquella señora se comió el bocado bien sabroso, pero en la noche estaba con el estómago así, para arriba y para arriba [creciéndole] hasta que, pos se reventó.

Luego alguien platicaba que murió de eso porque la otra señora que se había peleado con ella le había echado una campamocha en la comida, y es que ésas son muy venenosas, se la habían echado a la comida.

(Oralia Muñoz Rodríguez; Hualahuises)

Véase: Embrujamientos.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Canciones de cuna.

Versos cantados a los niños antes de dormir para estimularles el sueño. Contienen palabras tiernas o personajes que provocan pánico, como el diablo, el cuco, el viejo. Algunas de las canciones más conocidas son “Señora Santa Ana” y “El Viejo”.


Señora Santa Ana

por qué llora el niño

por una manzana

que se le ha perdido.

Manzanita de oro

si yo te hallara

se la diera al niño

para que callara.

Baja borreguito

por esa ladera

comiendo rositas

de la primavera.


(Isidra Maldonado Guerrero; Hualahuises)

Duérmete niño, duérmete ya

porque ahí viene el viejo

te come la carne

y te deja el pellejo.

(Hilaria Alemán Ramos; Linares)

viernes, 5 de diciembre de 2008

Candelilla (Euphorbia cerifera).

Planta común del noreste de México cuya cera natural es empleaba para la fabricación de veladoras; en el presente, su recolección y procesamiento se han intensificado por la demanda de su cera en el mercado internacional (es utilizada en la elaboración de cosméticos, pinturas, plástico). En el municipio de Higueras incineran sus ramas durante una fiesta religiosa que lleva el nombre de la planta.

Véase: Fiesta de la Candelilla.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Canibalismo.

La idea de devorarnos los unos a los otros es persistente; nuestra entidad conserva creencias y tradiciones orales acerca de la antropofagia supuestamente practicada por los indios y las brujas. Sin embargo, la fantasía referente a comer gente trasciende su asociación con los tribeños o con ciertas costumbres brujeriles; más comúnmente, suele emplearse como muestra de cariño o como amenaza. No es muy raro escuchar expresiones como la siguiente: “¡Ya deje de molestar y vayáse a la escuela porque si no me lo como!” (Hualahuises). En el área sur-serrana se refiere, incluso, un culto cuya parafernalia incluía el consumo de personas.

Decía:

–A ti ya no te como, pero ¡ira!, a esa muchachita sí me la como, no se me hace trabajoso comérmela (a María, que estaba sentada allí, en un cajón).

Y advertía mamá:

–No andes dejando a esa niña sola, si no ¡te la va a comer el indio, te la va a comer el indio!

Era hermana mía, yo la crié.

Entonces le decía yo al indio:

–No andes viniendo aquí, si te vas a... si te quieres comer una niña no... no vengas...

(Evangelina Sustaita de Platas; Hualahuises)

Yo juego con mis sobrinos porque... he escuchado eso, de que se juega diciendo que te vas a comer un cachete, una pierna o algo, y eso se comenta cuando estás cambiando al niño. Cuando tú a un niño le estás poniendo una camiseta y está desnudito dices “ay, te voy a cortar el cachete, te voy a cortar la pierna y me la voy a comer en un taco”. Aquella parte del cuerpo que esté más bien proporcionada; si tiene buena pierna, pos una pierna.

(Susana Marroquín Cavazos; Villa de Santiago)

Esa vieja tenía una mirada muy curiosa, su cara era igual a la de una india que andaba en mi rancho cuando yo era chico; aquella mujer era bruja, según decían, nadie sabía de ónde venía. Mire güerita, no crea que le digo mentiras, yo nomás le digo lo que sé, porque a mí nadie me quita que esa vieja regresó por la niña Mariana. Además, cuando no li hacían caso, o sea usté me entiende, en lo que ella ordenaba, les gritaba rete feo: “¡Ora verán, si no me obedecen me los como!”. Pos no es que yo quiera llenarla de miedo, niña, pero esa costumbre de comerse a las criaturas, según contaban las gentes, es de los indios diantes, de los rayados que andaban por acá, por las rancherías.

(Gabriela Riveros, relato “Ven por chile y sal”; Monterrey)

En el ejido donde vivía mi mamá oía pláticas de que en Villa Mainero, Tamaulipas, había un señor así... que curaba a la gente.

Y que acá, más acá, en el otro lugar, que no sé cómo se llama, había una señora que también curaba. Unas gentes iban con el señor y otras con la señora...

Pero el señor le tenía envidia a la señora y por eso... así empezó todo hasta que llegaron a comer gente. Sí, es que les entró un espíritu como del demonio.

(Benito de Jesús Luna Ramos; Iturbide)

martes, 25 de noviembre de 2008

Canícula.

Así es denominada la temporada más caliente del año. Por lo general se calculan 40 días que empiezan el 14 de julio. Algunos observan que es una temporada propicia para enfermedades e infecciones, y que si el periodo inicia con lluvia, el calor se atenúa.

El sol es más caliente, calienta más en esos días (son cuarenta); están los soles más calientes... Es del 14 de julio al... 24 de agosto, son 40 días.

(María Dolores Cárdenas Bravo; Hualahuises)

No falta quienes relacionan esta temporada calurosa con un castigo de la naturaleza hacia los hombres (...) Lo que sucede en esta temporada, indicó, es que los rayos del sol llegan perpendiculares al hemisferio y sumado a un sistema de alta presión no permiten que llueva; esto afecta sobre todo al norte y al Golfo de México y desaparece hasta fines de agosto, cuando se empiezan a presentar las lluvias.

Cuando ese sistema llega a romperse es cuando decimos que la canícula entra con agua, es decir, con lluvia.

(María Luisa Medellín, “La Canícula, tradición y calor llegan hoy”, en: El Norte, Mty., 16-VII-1997, p. 1-B)

jueves, 20 de noviembre de 2008

Caramuela (Milpiés Spirobolus).

La imagen que se tiene de esta especie de gusano es negativa; es un elemento utilizado en los trabajos de las brujas.

Las caramuelas son malas porque sueltan una leche blanca que es veneno. Son malas y las usan muchas mujeres que saben hacer remedios, hacen morralitos y allí las echan pa hacer males.

(Juan de la Rosa Sánchez; Linares)

Véase: Embrujamientos.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Carbón.

Mineral vinculado directamente a las riquezas subterráneas. Un tesoro se convierte en carbón al manifestarse envidia entre las personas involucradas en su búsqueda o hallazgo. Como contraparte, existe la certeza de que el carbón puede retornar a su estado original (oro, plata) cuando es buscado por personas humildes y desinteresadas.

Por esos rumbos decían que un señor venía desde Monterrey vendiendo, y cada vez que dormía en determinado ranchito (pero no sé exactamente en qué rancho) veía una lumbrita, una llama. Él veía mucho esa llama y una vez le señaló al dueño: “Oiga, cada vez que vengo yo, más o menos en este lugar, veo una lumbre, ¿no se ha fijado usted ahí?”. En ese rancho siempre veía la lumbre y les dijo más o menos dónde. ¡Y se fue el dueño! Escarbó y sacó una tinaja, pero era puro carbón... Entonces por ahí guardó la tinaja de carbón para enseñársela al mercader cuando regresara.

Pasado el tiempo vuelve el vendedor y pide un vaso, les pide un vaso para beber agua y fue a meterlo a la tinaja (creía que la tinaja tenía agua), y nada ¡pos sí estaba llena de algo! Entonces ya cogió preguntando “¿pos qué hay aquí?”. Era dinero.

Luego les comenta:

–Oigan, ¿pos por qué tienen este dinero ahí?

–¿Dónde?

–¡Pos ahí en la tinaja!

–Es carbón señor, la relación que usted se encontraba es carbón. Escarbamos, sacamos la tinaja y es puro carbón.

–¡No señor!

Fue y sacó el dinero, la bajaron, la vaciaron; era puro dinero.

(Jacinta Hernández Prieto; Linares)

El compadre no fue, él nomás les indicó que en tal sitio había un dinero enterrado. “Vayan a sacarlo”, les comentó.

Pero a esos dos les entró envidia y dijeron: “No, si lo llevamos a él ¡pos alcanza más! porque él nos dijo dónde está”.

Y se fueron solos, escarbaron, encontraron algo, pero luego cuentan que se les volvió puro carbón –dicen que sí se convierte–; como quiera se llevaron el carbón y dijeron: “Vamos a echárselo a mi compadre por no haber venido con nosotros y embustero”.

De bribones fueron a tirar el carbón en la casa del compadre, pero en la casa de éste se volvió dinero, y al final el compadre fue el de la bonanza esa.

(Esther García Vázquez; Linares)

Véase: Relaciones, Tesoros.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Cautivos.

Las referencias a individuos capturados, tanto por los mestizos como por los indios, son todavía comunes, principalmente entre habitantes de la zona norte de la entidad.

Exactamente, así se lo llevaron en la travesía, pasaron por aquí los indios y se lo llevaron (sus padres ya no supieron nada de él). Hasta después de mucho tiempo cuando él ya se hizo hombre vino a dar aquí porque mató a un indio, le clavó la flecha; al ir a darle agua a unos caballos se disgustaron él y el indio, y allí lo flechó, y de allí... se vino él, pero vino a dar como quiera a su pueblo.

Cuando se lo llevaron a él de aquí del pueblo era niño, de allí de onde andaba en la calle, de ahí se lo llevaron.

Y cuando él regresó traía las costumbres de los indios. Cuando volvió él ya no se llamaba como se llamaba antes (se llamaba como yo, Cornelio Sánchez, ¿ve?). Él regresó y decía todo alrevesado su nombre, ¿ve?, porque sí sabía él su nombre cuando se lo llevaron, pero luego ya se hizo a... a la idea de ellos, ¿ve?, y hablaba todo medio mocho.

Entonces él venía diciendo que se llamaba... pos no, no recuerdo bien. Mi papá era el que me platicaba de... de cómo venía él nombrando las cosas.

Porque... bueno, mi papá todavía no nacía cuando pasó eso, todavía ni se casaba mi papá. Pero después, cuando mi papá y sus hermanos nacieron y comenzaron a crecer, empezó mi abuelo a platicarles.

(Cornelio Sánchez López; Lampazos)

Sorpresivamente los indios los atacaron y capturaron a la muchacha, su padre apenas tuvo oportunidad de escapar y rápidamente corrió a dar aviso para que le ayudaran a rescatar a su hija. La buscaron por largo tiempo, lo único que encontraron fue un rastro que la desafortunada muchacha fue dejando, pedazos de tela de su vestido; cuando ya no pudo cortar la tela fue dejando cabellos. No volvieron a saber de María Antonia por muchos años. Pasó el tiempo y un día una familia de Parás, que fue de viaje a Oklahoma, la encontró por aquellas lejanas tierras, le preguntaron por qué jamás había avisado que estaba con vida a su familiares, y ella les contestó que jamás se atrevió a comunicarse con sus familiares porque se había casado con el jefe de la tribu que la raptó, y que casada con el indio era muy feliz. Tiempo después, un hijo de María Antonia visitó Parás para conocer la tierra de su madre.

(Sra. Armandina Villarreal de V., Parás, en: Para saber, p. 3)


Véase: Indios.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Ceniza.

Vestigio del fuego que se pone en el suelo en forma de cruz para desviar los vientos fuertes y las tempestades. En algunos lugares se asocia con prácticas mágicas y con el diablo.

Más antes en el puro tierral bailaba la gente de los ranchos ¡en el puro tierral! Y cuando había boda o baile yo veía que las muchachas, este... se salían muchas mujeres y andaban por detrás de las casas con puños de ceniza ¡haciendo crucitas! ¡Que pa que no lloviera!... Ponían cruces de ceniza para que no se desbaratara el baile.

(Antonia Platas; Hualahuises)

La curandera parecía la bruja de la leyenda; larga, seca y huesosa, con la nariz corva como ave de rapiña, las uñas como garfios y el pelo enmarañado. Tenía en sus manos un bulto de ceniza caliente y unos ungüentos con los que empezó a frotar el cuerpo, esquelético también, del enfermo, pasándole luego unas palmas benditas y haciéndole cruces por todas partes. Hizo que don Teófilo y su mujer le ayudaran a bajar al piso a Quintín y entonces lo regó totalmente de ceniza, barriéndola con una escoba tan pronto terminó esta operación.

(Rosa de Castaño, Rancho Estradeño, p. 88)

Mi papá ejercía un platito de peltre, blanco, ahí en ese platito tenía ceniza.

Yo no vi cómo trabajaba, pero tenía ceniza con un tenedor y un trinche en cruz ¿eh? Entonces él se ponía a trabajar y agarraba el trinche al mismo tiempo que decía: “¡Mira, aquí lo estoy viendo! [al diablo] aquí lo estoy viendo...”, en la ceniza.

(Alfredo Espinoza Camero; Linares)

Véase: Viento, Tempestad.