lunes, 30 de marzo de 2009

Astros.

La relevancia que se le da a ciertos astros en la zona rural permite identificarlos de una manera específica. Así, tenemos a Venus que es llamado comúnmente “Lucero de la Tarde”, “Estrella de la Oración”, “Estrella de la Mañana” y “La Muchacha”. Por otra parte, las Pléyades son conocidas como “Cabrías”. Se observa también un par de luminarias a las que suelen llamar “Ojos de Santa Lucía”. Existen, asimismo, cuerpos celestes más difíciles de identificar; tal es el caso de “La Estrella Guía”, “La Cruz del Sur”, “El Carro” (o “La Carreta”), “Las Tres Marías” y “Los Reyes”. Las estrellas sirven para orientarse en el monte, y son una metáfora recurrente de la lírica tradicional que las asimila al amor, a la mujer, al compañerismo, a la buena suerte, incluso a los muertos.

¡Hay una desgraciada estrella que no falla, que siempre sale! Sale al querer oscurecer... y cuando andaba yo de gambusino, buscando vetas de barita ¡lo que quería era que saliera pa orientarme! Ésa sale por ahí [señala al poniente, sobre el horizonte], por ahí se va derecho hasta que se mete; ésa no se carga a ningún lado. Cuando no había estrella no me salía de onde estaba acampando por nada del mundo.

(Ismael Hernández Sepúlveda; Hualahuises)

Hay además la estrella de... ¡no me acuerdo cómo le nombran! Es una estrella grande que cuando oscurece, en esta época, está por ahí asina, no muy alto en el cielo. Esa estrella se mete más o menos ahorita, se mete como a las diez de la noche y, por ejemplo, aquí en García, a veces nos tocaba regar huertas durante la noche, a las once o a las doce de la noche. Entonces, cuando nos juntábamos algunos para hacer ese trabajo, decía yo:

–¿Qué horas son ahorita?
Y contestaban:
–¡Pos nombre!, no sé, yo no traje reloj.
–Pero yo sí tengo reloj –les decía–, ahorita son las doce de la noche o es la una de la mañana, según mirara tal o cual estrella.
Y comentaban:
–Bueno, pero pos ¿en qué conoces las horas?
–Pos en las estrellas –les contestaba.
Aquí ya nadie se da cuenta de eso, pero uno sí, digo, yo por mi parte. Porque como yo asistí mucho tiempo en el campo, así es de que por ese motivo conozco esos astros.

(Pedro Jaramillo Rodríguez; Villa de García)

Reparando en la gran cantidad de estrellas visibles se nos señaló hacia el sur, apenas arriba del horizonte “La Cruz de Mayo”, conjunto de cuatro estrellas o cinco con la forma de una cruz acostada y ligeramente inclinada hacia arriba. La gente del área señala que esta “Cruz de Mayo” sólo se ve en el cielo durante dicho mes. Posteriormente, cuando le preguntamos a una joven sobre esta constelación, dijo haber escuchado a unas personas mayores comentar la misma idea (en el camión, cuando venía de Doctor Arroyo). Por su parte, el señor Pilar García Fraustro responde señalando hacia el sur: “Sí, esa cruz se aparece acá”.

(Cristóbal López, “Diario de campo”, Mier y Noriega, 3-V-1997)

Véase: Camino de Santiago, Cometa, Eclipse, Estrella fugaz, Luna, Sol.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Augurios.

Véase: Agüeros.

viernes, 20 de marzo de 2009

Aura (Cathartes aura).

Ave conocida también como zopilote. Es una señal segura para ubicar animales muertos; su alimento es la carroña y se le ve volando en círculos sobre el sitio en donde se encuentran los cadáveres. La gente confunde esta ave con el buitre.

¿Las auras? Ésas anuncian dónde hay muertos, ya sean animales o personas, porque yo también he visto que las auras se han comido a las personas. Mire, allá en mi tierra (Aramberri, N. L.) mataron al esposo de una sobrina mía, lo asesinaron y le mocharon la cabeza; y la cabeza, ¡pos sólo Dios sabe dónde iría a parar!, pero el cuerpo lo echaron a un arroyo.
Y las auras... por las auras y los perros de los muchachos que mataron a ese señor fue que otros dieron con los restos del muerto; no, porque ya toda la gente estaba bien cansada de buscarlo... Pero las auras andaban volando bien alto, ¿verdad?, y luego se bajaban bien rápido; ya ven que el aura se eleva y luego de repente se deja caer pa bajo.
Sí no ha sido por las auras ¡pues no encuentran los restos del muertito! Porque ésas es lo que avisan, que en algún lugar hay animales o personas muertas.

(Francisca Rivera Sánchez; Linares)

domingo, 15 de marzo de 2009

Bandidos.

La memoria popular recuerda a hombres armados que robaban, traficaban y escondían su botín en lugares inhóspitos; por ejemplo, en cuevas, cimientos de construcciones abandonadas, túneles. Los bandidos aprovechaban su amplio conocimiento del ámbito rural y se beneficiaban de las revueltas sociales. Entre los más socorridos por la memoria colectiva están: Agapito Treviño “Caballo Blanco”, el huachichil Huajuco, el indio Pedro José, y el “Ojo de Vidrio”.

En el Cerro de la Tetías hay una cueva, según esto, de bandidos, ¿verdá?, de bandidos. Y contaban que esos bandidos querían... pos como que deseaban levantar una revolución o algo así.

Parece que eran bandidos de varias partes, ¿vedá? de varios estados. Éstos se empezaron a juntar y luego buscaron un escondite, ¿vedá? Porque ese cerro que les digo yo tenía una cierta entrada, a sus peñas, por abajo, ¿vedá? Ese era un lugar que los protegía a ellos, ya sea del tiempo o de sus enemigos.

(Susano Perales Hernández; Linares)


Dicen que era la casa de unos bandidos quienes iban y asaltaban el ferrocarril El Nacional, yo creo que cuando empezó ese tren. Dicen que mataban a todos los soldados y se venían corriendo de la estación vieja, luego se metían al río y ya no los encontraban. Los perseguían los soldados, pero al llegar al río se desaparecían por una entrada secreta.

(Álvaro Sepúlveda; Villa de García)

Véase: Agapito Treviño, Cueva, Huajuco, Pedro José, Tesoros, Túneles.

martes, 10 de marzo de 2009

Baraja.

Las cartas son populares en nuestra comunidad, mas la práctica de su juego en exceso motiva que los jugadores sientan la presencia del diablo (o se sospeche un pacto de alguno de ellos con él). Jugar baraja especialmente después de la medianoche propicia la aparición del ángel caído o la de otros espantos.

Está extendida la creencia de que el presente y el futuro de una persona se cifran en los números y símbolos de los naipes; de ahí el afán popular por leer las cartas. La suerte cifrada en la baraja es concebida como metáfora del destino.


Una vez escuché una canción en Reynosa de la que ya no me acuerdo. Les he preguntado a varios, así, que saben de canciones viejas, y tampoco se acuerdan...

O sea que este cabrón estaba en la iglesia, en la misa, y todos tenían su librito, pero él tenía una baraja. Entonces el padre le preguntó por qué, que por qué tenía la baraja. Entonces él le explicó por qué ¡todo le explicó! Le dijo que cuando veía al rey ¡pos era Dios!, y que cuando salía la sota significaba otra cosa, ¡y todo lo demás! Le explicó el significado de cada carta.

Pero no me acuerdo bien de esa historia. Era una canción platicada que pasaban en el radio. Preguntando por ella una vez conocí a un pelado que también la oyó y me dijo unos pedacíos, pero no se la sabe tampoco toda...

La otra parte que recuerdo es que ese pelado que estaba en la iglesia con la baraja se encuentra de pronto al as ¡y se vuelve a acordar de Dios! O sea que todo lo que decía la Biblia él lo leía en la baraja. Todos estaban leyendo, todos estaban leyendo, ¿verdá?, mientras él taba pasando carta por carta, haga de cuenta un rosario, ¿verdá?

¡Pero nombre! No he vuelto a oír esa canción, tampoco la he podido hallar ¡pa saber ésas!

(Juan López García; General Terán)

jueves, 5 de marzo de 2009

Barro.

Material terroso empleado en la fabricación de utensilios y para el revestimiento de chozas. En contadas comunidades de Linares, Iturbide, Doctor Arroyo, aún se moldean tazas, comales, jarros. Existe un relato sobre la creación de dichos utensilios, que escuchamos en el ejido Loma Alta, de Hualahuises. En la narración, un indio ve juntarse el agua de lluvia en las pisadas de su padre; lleva entonces un molde de las huellas al fuego. Después de varios intentos infructuosos, añade al lodo cal y pasto, elaborando así el primer jarro.

¿El barro? Sí, lo usaba para comales, ollas y todo eso... más antes había mujeres de esas que hacían comales y hacían moldes.

(Carlota Álvarez; Linares)

–Soy María García Navarro, de puritito barro. ¿Cuántos años tienes tú?

–Yo, cincuenta y seis; ¿y tú, María?

–No los tengo, no los guardé. Se pasaron de noche...

–¿Qué averiguas? ¿Dónde están tus años, los encerraste en la caja fuerte? Dime, ¿eres

de barro?

–No, yo soy de plástico. No me gusta cómo sabe el barro humedecido. Se pega, como la suerte.

–¡Oye! ¿qué te pasa? El barro es mejor, es más bonito. No, el plástico no; es insípido, además, te cansarás siendo eterna.

(“María García Navarro”, Stella Brewster García de Alba; Lampazos)

Sí, aquí habitaban los indios, primero los naturales y luego unos injertados, pero fíjense, les voy a contar una historia que pasó aquí en la sierra, allá pa ribita. Habían pasado las lluvias y iban dos indios, el padre y el hijo, subiendo un cerro. Iban descalzos pos en ese tiempo ni pa guaraches había. Y el papá iba caminando adelante en aquel lodazal. Porque cuando llueve se ponen los caminos muy feos por aquí. Y ahí iban con sus morrales, uno atrás del otro, subiendo para buscar algún animal para comer. El chamaco era muy curioso y se fijó cómo la huella del pie de su papá se quedaba marcada en el lodo y le dijo: “Mire apa, cómo se queda l’agua encharcada en la huella”. Y se fijaron bien que el pie se sumía en el lodo y el agua quedaba sin salirse. Y así empezaron a hacer experimentos con el lodo pa ver si podían hacer como una vasijita.

Primero tomaron un montón del lodo y lo dejaron secando al sol, pero nomás secó se quebró, así que ése no servía. Luego intentaron con piedritas, pero también se desmoronaba. Así que tuvieron que seguir inventando, hasta que se les ocurrió poner yerbitas, así como zacate, y mezclarlo con el lodo y dejarlo secar. Así apareció el barro y desde entonces se hacen vasijas aquí y en todas partes.

(Homero Adame, “El origen del barro”, recreación literaria de una plática escuchada a un anciano de Hualahuises)

sábado, 28 de febrero de 2009

Borrados.

Véase: Indios, Rayados.

martes, 24 de febrero de 2009

Bruja, o.

En décadas pasadas fue más patente en Nuevo León la creencia en brujas o personas que trabajaban la magia, aunque todavía son personajes cotidianos que están presentes en casi todos los municipios. Se consideran efectivas las practicantes de comunidades de Linares, General Terán, Bustamante y, especialmente, las de la congregación La Petaca, el ejido Vaquerías y el ejido Gatos Güeros. Los brujos adquieren sus conocimientos estudiando libros de magia o aprendiendo directamente de familiares y amigos que practican dichas artes. Sus poderes abarcan desde el poder para convertirse en bestias hasta el necesario para matar y enamorar a las personas. Pueden desplazarse a grandes distancias para visitar enfermos, reunirse con “colegas” o proveerse de hierbas; al volar, utilizan fórmulas verbales del estilo “Sin Dios y sin Santa María y hasta los Altos de Vaquerías”. Se transforman en lechuza, cócono, tecolote, cuervo, víbora, perro, vaca, gato (cambian sus ojos por los del felino para ver en la noche); a veces emiten una luz durante su trayecto.

Se cree que estos personajes son invocados con la frase “Ven por chile y sal”, o atrapados con maldiciones y con nudos en un cordel si se rezan las “Doce Verdades del Mundo”. Es común el relato de un pájaro bajado con esta oración y encerrado en la cárcel, sitio del que escapa, o donde se convierte en mujer y suplica la dejen libre. Son diversos sus poderes: enferman, empobrecen, enamoran, contrarrestan “males puestos”, predicen el futuro, ayudan y/o dañan en campañas políticas.

El ámbito de su trabajo se extiende de manera efectiva más allá del área rural; la oferta y demanda de brujas o brujos se mantiene en cualquier colonia del área metropolitana de Monterrey, no obstante la cobertura de programas asistenciales médico-educativos y la dinámica de cambio urbana. Su parafernalia no se limita a los sectores populares; abarca a familias e individuos de la elite económico-política. Hasta suceden casos en los que se ultima, sangrientamente, a personas sospechosas de prácticas brujeriles. Otras ideas asociadas a estos especialistas religiosos es que chupan la sangre y dejan moretones, sobre todo en los niños; asimismo, se sabe que deben entregar un alma al diablo después de cierto número de pacientes como pago u ofrenda por su ayuda. Contra su fuerza o presencia se mencionan la fe en Dios y la Iglesia católica, la utilización de las “Doce Verdades del Mundo”, las tijeras en cruz, rezos, veladoras, “Las Siete Palabras”, limones, ajos, la cruz de palma, la oración de “La Magnífica”, albahaca, el cabresto negro, el sombrero en la cabecera de la cama; además, la educación y el conocimiento, la medicina moderna, la incredulidad.


Un pariente mío se fue para el otro lado y en la orilla de un río había unos sabinos grandes. Sobre aquellos sabinos se acercaban unos pájaros. Entonces mi pariente, que ya vivía ahí, sacaba la pistola con el fin de matar a esas brujas, les daba de balazos con el fin de bajarlas, aunque nunca les dio. Luego pasó el tiempo y volvieron otra vez esos pájaros, y él volvió a hacer la misma cosa, dispararles.

Eso le pasó allá en los Estados Unidos, después se vino aquí pa abajo, a Linares; ya acá, cierta vez estaba sentado cuando se le arrimó una viejita desconocida, la que le dijo:

–Oiga ¿verdad que usted en el tiempo fulano fue al otro lado, a la orilla de Estados Unidos con México?

–Sí –le contestó.

–¿Verdad que usted era uno de esos que sacaba su pistola con el fin de tirarle a unos pájaros que llegaban y se acercaban a aquel árbol?

–Sí, sí es cierto.

–Bueno, pos le voy a decir que yo era de esas que me sentaba allá a descansar, y usted con muy mala fe sacaba su arma con el fin de tirarle a uno, pero no tenía usted poder suficiente para que su arma reventara [disparara]; y yo me sentaba allá nomás a descansar, no con el fin de perjudicar a alguna persona. Uno es como usted que ya va cansado y se sienta a descansar, así lo hacía yo, me gustaba aquel lugar pa descansar y usted obraba de mala fe, pero no se le concedió.

Sin conocerla se arrimó y le dijo eso. Luego, sin más, le volvió a decir:

–Quiero ser su amiga, el día que se le ofrezca vivo en La Petaca, mi nombre es fulana de tal y pa lo que se le ofrezca visíteme, vaya a platicar como unos amigos...

(Miguel Escobedo Puga y Rosendo Torres González; Iturbide)

A los sepultureros la muerte no les espanta, más miedo le tienen a los vivos que muy misteriosos llegan a los panteones a enterrar retratos, frascos y dejar otros objetos encima de las tumbas...

“Sí siente uno miedo en la noche aquí cuando uno es chico, pero ya luego cuando anda trabajando sabe que no pasa nada, el único detalle son gentes que vienen según ellas a hacer limpias o algún otro tipo de embrujo”, dice Salazar Lara.

Lo que generalmente esas “misteriosas” personas llevan a los cementerios son monos de cera, retratos de hombre o de mujer, de parejas; a veces dejan en un trapo cebollas, clavo, chiles, ciertos polvos o frascos con líquido, las depositan, cuentan los empleados de cementerios, alrededor de tumbas, porque ahí las han encontrado ellos mismos o algún familiar del difunto cuyos restos reposan en la fosa elegida por los “hechiceros”. No sabemos lo que buscan, muchas veces nos preguntan: ‘Oiga, alguna persona que haya muerto de esta forma, de algún disparo, un choque’, pero no les decimos porque a lo mejor quieren hacer algo con eso”, comenta el joven sepulturero.

(María de Jesús Ávila, “Temen más a los vivos que a los muertos”, en EL Norte, Mty.,

2-X-1996, p. 1-B)

Cierta vez tres niños entraron a un jacal de Terán y en un rincón hallaron muchos monitos de lodo y madera, los monitos tenían clavadas espinas, agujas; otros estaban mutilados. Ni tardos ni perezosos los peques llevaron sus juguetes nuevos al monte para quitarles agujas, espinas, y arreglar sus defectos.

Entonces sucedió lo increíble: al tiempo que los niños jugaban (y cuidaban de sus monitos), individuos de la región empezaron a levantarse de sus convalecientes lechos, sanaron de extrañas enfermedades, dejaron de sufrir dolores; hubo incluso una joven que saltó viva de su ataúd ¡cuando la llevaban a enterrar! Desde luego, la historia tiene un lado trágico: una descuidada familia –con fama brujeril– quedó sin clientes, desempleada.

(Anecdotario popular de General Terán)



Véase: Amuletos, Brujas-bailes, Cabresto, Cócono, Cuervo, Curandero, Embrujamientos, Emplazamiento, Enyerbada, Huesos, Lechuza, Libros de magia, Magia, Mal puesto, Monitos, Nagualismo, Doce Verdades del Mundo, Petaca, Sol.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Brujas-bailes.

Celebraciones nocturnas llevadas a cabo en lugares agrestes (cerros, montes) con la presencia del diablo y ambientadas con hogueras y música. Estos mitotes generalmente se hacían para reforzar y/o celebrar el pacto con que las hechiceras se unían al maligno; si eran de iniciación para una prospecta bruja, incluían una serie de pruebas como enfrentar apariciones de animales o visiones de Satanás. El baile terminaba en la madrugada, con el canto de los gallos.

Platicaba un señor quesque él iba en su carro cuando se topó con un baile muy bonito. Estaba tan elegante aquel baile que dijo: “¡Miren qué bonito baile! ¿Qué lugar será éste? ¡Vamos a gustar un rato del baile!”, dijo el dueño del carro a su familia; ahora aquí nos vamos a quedar hasta que amanezca.

Se bajó el señor con su familia y dicen que ¡bueno! andaba mucha gente bailando, baile y baile. Y esas gentes también estuvieron gustando del baile, pero porque ellos creían que era baile normal, de esas fiestas que hacen las gentes aquí, en los ranchos, ¿verdá?

Bueno, estuvieron gustando mucho del baile y luego en la madrugada, pa cuando acordaron, ya... ya habían gustado mucho del baile cuando ¡ma! se acabó todo... Con el canto del gallo desapareció el baile (el gallo es de diosito porque dice “Cristo nació”). Entonces, ahí solos, dijeron “¿Pa dónde ganamos? Aquí vamos a estar hasta que amanezca”. Y sí, amaneció, diosito les dio su luz, pero estaban en un monte tan duro que batallaron pa salir. ¡Fíjate, amanecieron en un monte bien duro porque habían estado en un baile de las brujas! ¡Habían gustado de una fiesta donde estaban las brujas bailando! Pero ellos no creían que era baile de brujas, creían que era baile bueno. Y decían que ¡bien bonita aquella música! Muchas muchachas bailando, bien elegante aquel baile, con muchas cosas pa vender; nomás que yo creo que ellos no compraron nada.

(Bernardina Lozoya; Linares)

Iban a bailar a onde se da la canela, ¡quién sabe en qué parte se da mucha canela! Y eso se sabe porque cierta vez agarraron a una, agarraron a una y dijo que ellas iban a bailes allá quién sabe a qué parte donde se da mucha canela.

(Teodoso Barba Barba; Hualahuises)

Véase: Bruja.

sábado, 14 de febrero de 2009

Buitre.

Véase: Aura.

domingo, 8 de febrero de 2009

Burro.

Este cuadrúpedo fue un medio de transporte fundamental en la región durante la Colonia y buena parte del siglo XIX, importancia que todavía conserva en la zona montañosa. Existe una serie de narraciones que lo asocian al diablo, al remolino de viento, a una carga de oro extraviada, a la entrega de imágenes de Cristo, y a las transfiguraciones de los diableros. La gente del campo augura cambios de clima cuando sacude sus patas posteriores, y atribuye a su leche propiedades benignas en la curación de enfermedades pulmonares o contra la anemia.

La leche de burra es buena para la anemia, es como un medicamento, aunque yo creo que los doctores ni creen en eso.

Sí, tomar leche de burra cuando la acaban de ordeñar es bueno para anemias profundas; el líquido es muy color de rosa, dicen, yo no la conozco.

(María Dolores Cárdenas Bravo; Hualahuises)

Bueno, platican que unos... una vez llegaron unos ingenieros ¡pos a un lugar donde había un ranchito!, en el campo. Esos ingenieros iban a investigar acerca de unas presas que se iban a construir, ¿verdad? Entonces, comiendo en cierta casa, alguien les dijo:

–Miren, no se vayan a tardar, no se vayan a tardar mucho porque va a llover, y nada vale que llueva, después ustedes no van a poder pasar por esa cañada. Porque ésa se crece mucho, trae mucha agua y ustedes se van a quedar allá sin comer.

Para esto, dicen que fue una señora quien ¡pos en sus conocimientos que tenía! les advirtió eso.

Y los ingenieros comentaron “¡Nombre! esta viejita ¡pos qué sabe!”.

Pero ella tenía sus conocimientos, su creencia... y pos resulta que como cosa adrede se vino bien fuerte la lluvia y se creció la cañada, y los ingenieros se quedaron de aquel lado de la cañada sin comer y sin nada, allí solos.

Bueno, pos otro día que ya amaneció y pudieron pasar, uno de ellos recordó lo que había expresado aquella señora y le preguntó:

–Oiga señora, ¿por qué, cómo supo usted que iba a llover si no había ni nubes?

Y ella respondió:

–No ¿sabe lo que sucedió? Que en la mañana vi que se levantó el burro, luego se atirantó y sacudió una pata. Cuando eso sucede nosotros tenemos la creencia de que anuncia lluvias; por eso llovió.

Y la contestación del ingeniero fue –le dijo a su compañero:

–¡Vámonos, vámonos!, porque aquí los burros saben más que nosotros.

(Nemesio Samaniego Mendoza; Lampazos)

miércoles, 4 de febrero de 2009

Caballo.

La gente utiliza este equino como medio de transporte y para consumo humano. Su importancia en la vida cotidiana del campo se aprecia claramente en la lírica regional, ya que lo relacionan con el compañerismo, la agilidad y la valentía. En ciertas comunidades, las carreras de caballos, legales e ilegales, se practican con el fin de festejar reuniones y aniversarios o apostar dinero. Igualmente se realizan algunas suertes “de a caballo” como la chiva colgada, el gallo enterrado y los juegos de argollas. Su visión negra y nocturna está relacionada con el diablo, y en Linares se recopiló un cuento acerca de un corcel de siete colores.

General Terán.- Autoridades municipales informaron que antes de que finalice el año la Presidencia Municipal organizará otra carrera de caballos con el fin de recabar fondos para las actividades del DIF. Lo anterior fue señalado por las mismas autoridades municipales quienes dijeron que con el fin de recabar fondos para que el DIF pueda realizar las actividades y programas de asistencia social, se ha programado otro evento (...)

Añadieron que en la primera carrera llevada a cabo el pasado 24 de diciembre obtuvieron muy buen resultado, debido a la gran afluencia de personas que asistieron, la cual no presentó incidentes.

(Laura Garza, “Organizarán carrera de caballos”, en La Voz, Monterrey, 31-XII-1997, p. 7)


Le preguntaban a Antonio

por su última voluntad:

“Que no monten mi caballo

y le den su libertad”.

Caballo de la cordada

que traes adentro el demonio

hoy relinchas de tristeza

cuando te acuerdas de Antonio.


(DAR, corrido “Caballo de la cordada”)

Véase: Cabresto, Diablo, León de la sierra.

viernes, 30 de enero de 2009

Cabañuelas.

Creencia popular que consiste en predecir las condiciones climatológicas de cada uno de los meses del año a partir de la observación de cada uno de los días del mes de enero. Según esta creencia, el primer día de enero corresponde a este mes, el segundo día a febrero, y así sucesivamente hasta llegar al 12 de enero que correspondería al mes de diciembre; luego, a partir del día 13, se cuentan los meses al revés, correspondiendo el 14 a noviembre; el 15 a octubre, etc. Los últimos seis días de enero se cuentan a razón de dos meses para cada día; de esta manera, el día 25 correspondería a los meses de enero y febrero; mientras que el día 30, a los de noviembre y diciembre. Finalmente, cada hora del día 30 y uno abraza de manera sucesiva dos meses.

Las cabañuelas empiezan el primero de enero y salen hasta el día 31; primero van corriendo los meses del uno hasta el 12 de enero, del 13 al 24 de enero, los meses se regresan. Luego, los meses se vuelven a contar diariamente, pero van en pares, el día 24 salen de dos en dos: enero y febrero, marzo y abril, mayo y junio. Finalmente, el 31 están saliendo los meses cada hora de dos en dos.

(María Dolores Cárdenas Bravo; Hualahuises)

domingo, 25 de enero de 2009

Cabresto.

Soga hecha con crin de caballo, vinculada a las faenas rurales y con algunas nociones mágicas. Se asocia a los tesoros: la colocan sobre el dinero escondido y se convierte en víbora cuando otros intentan desenterrarlo. En el mismo orden de ideas, un diablero transforma reatas en ofidios para intimidar y probar el valor de sus compañeros. Los vaqueros evocan el uso del cabresto negro contra peligros humanos y animales; la soga, colocada en el campamento, semeja a la víbora prieta y ahuyenta a la serpiente de cascabel. A lo anterior se suman las siguientes narraciones o creencias: un indio usaba una de estas sogas con un sombrero en uno de sus extremos para saber por dónde venían los enemigos y cuántos eran; otro individuo “cabresteaba” la tierra al tiempo que le hablaba a un remolino de viento (manipulando al remolino de un lado para otro). Tener un cabresto negro y buen caballo implica ser una persona preparada y de valor. Además, los individuos embrujados pueden mejorar su salud si son “cabresteados” (azotados con dicho lazo).

Se hacía con esa crin de caballo un cabresto: una reata, y si era una enfermedad leve con ésa se curaban (o con tierra del marrano...). Aquí el cabresto de cerda de caballo se acostumbraba de cualquier color.

(Gregorio Gámez Villanueva; Mier y Noriega)

Las reatas negras las ponían para que no se arrimara la víbora de cascabel, porque viendo la serpiente de cascabel a la víbora negra (la víbora prieta), le tiene miedo; por eso se ponía un cabresto alrededor de donde uno dormía, para que no se arrimaran las de cascabel.

(Sr. Arévalo Villanueva; Linares)

El último cabresto que vi yo se lo hizo un señor que se llamaba Genovevo Salazar; él era de aquí, de San Vicente. Se lo regaló a un hermano mío –en paz descansen los dos.

Fue un trabajo bien acabado ¡qué artistas ni qué nada! ¡Bien bonito! Una cosa ¡bien acabada!, que ni de fábrica.

Ese hombre tenía muchas bestias y trabajaba mucho eso: la cerda, la crin del caballo. Ese cabresto era de color negro y blanco; tenía un hilo blanco, era una especialidad ¡pero bien retorcido, una cosa bien bonita!

(Román Flores Ramos; Melchor Ocampo)

Una noche estaba sentado junto a una fogata con un guardia cuando ambos vieron que algo se acercaba arrastrándose como reptil. Pensaron que era una víbora, pero ambos se llenaron de terror al ver que lo que serpenteaba no era sino la soga, que se detuvo ante ellos a unos siete metros, entonces empezó a alargarse y a aumentar de diámetro, un extremo se volvió abultado, se formó una boca con dientes cónicos y afilados, enormes ojos aparecieron al mismo tiempo que los orificios de la nariz, y una lengua delgada y dividida en dos por la punta se distinguió. Se cubrió de escamas verdosas. Al fin la soga se transformó en una serpiente (...)

El teniente murió después de pasar por terribles sufrimientos. En su peor pesadilla soñaba que una soga se transformaba en serpiente y lo atacaba. A pesar de haber sido un hombre muy cruel, con sus sufrimientos pagó el daño que hizo a otras personas durante su vida.

(Georgina Arrambide, “El misterio de la soga”, General Terán, en: Colectivo, Silueta de mi sombra,p. 8-9)

Véase: Bruja, Caballo, Diableros.

martes, 20 de enero de 2009

Cacalote o Cascalote.

Véase: Cuervo

jueves, 15 de enero de 2009

Cacería.

Es relativamente común la caza de animales como una forma complementaria de sustento alimenticio (venado, aves silvestres, tejón, rata del monte); para obtener instrumentos y productos (piel de víbora para cintos, concha de armadillo para colgar cosas); con propósitos mágico-decorativos (cola y pata de conejo, uña de león, colmillos de oso y jabalí); con intenciones comerciales (cueros de felinos y zorra); para usos terapéuticos (piel y grasa de coyote, cebo de tlacuache, huesitos de víbora de cascabel). En muchas comunidades rurales sacrifican animales salvajes por necesidad alimenticia. Cazar animales de manera exagerada propicia el encuentro con bestias cuya visión y gritos atemorizan a los monteadores. Tal es el caso de un venado al que no se puede matar, a veces identificado con el diablo.

Un buen cazador debe tomar en cuenta –entre otras– las siguientes circunstancias: época del año, dirección del viento, tipos de rastro y olor, lugares que frecuentan los animales, las características de los ojos del animal ante el reflejo de la luz, diversas técnicas como untarse hierbas, dar de comer a los perros trozos de corazón de venado, usar trampas de hierro, lazo y anzuelo. Naturalmente, existen muchas exageraciones y relatos jocosos vinculados a la práctica venatoria; por ejemplo, del norte al sur de la entidad es posible oír relatos acerca de cazadores ciegos que atinan a su presa apuntándole con el oído, o de otros que sujetando armadillos de la cola, son arrastrados cientos de kilómetros bajo tierra, finalizando su odisea con la muerte del animal, desbarrancado en las márgenes del río Bravo.

Es metáfora de emboscada, persecución y asesinato de personas.

A un tío mío lo mordió un oso, y entonces mataron al oso porque ya iba herido cuando lo mordió. Lo mataron y le quitaron los colmillos... y esos colmillos se los encargó un señor para hacer un llavero, como para un llavero.

(Refugio Flores Peña; Villa de Santiago)

Pos fíjese que en El Milagro no acostumbrábamos cazar; a duras penas, cuando mucho, un conejito, un conejo. Porque las liebres nunca las querían mis hermanos, las liebres no.

Y aquí, en Icamole, acostumbran comerse el tlacuache, el tejón, las liebres, las ratas; pero allá en El Milagro, mis hermanos no.

O sería que estábamos... por ejemplo, el río llevaba mucho pescado ¡bastante!, así es que iban y pescaban, sacaban las... de pescado ¡bastante!, y teníamos mucho cabrito, muchas gallinas; si por suerte se nos iba una vaca pa la vía y la mataba el tren, ¡pos ya nos la comíamos entre todos!

Y les digo, todo el ranchito comía, yo creo por eso era que casi no cazaban.

Cuando mucho, mucho que mataran, que agarraran en las trampas –cuando andaban con las trampas– en tiempo de frío, un conejo.

(Hipólita Coronado Rojas; Villa de García)

Ahí en La Chilosa hubo un... –el ojo de agua es La Chilosa– un venado que nadie lo dominó. Según dice la gente, ¿verdad?, y muchos, que nadie lo dominó; dicen que se venía caminando el venadito ¡grandote!, astas grandes.

Y entre más le tirabas [disparabas], más se acercaba, entre más le tirabas, más se acercaba, en la mera frente; y como te digo, buenos tiradores [cazadores].

Ésos no fallaban con una carabina treinta treinta, entre más le tiraban y le pegaban, más se acercaba. Y ahí viene y ahí viene, hasta que no había más que... lo veían que... los ojos, los ojos del venado, ¿verdad?, como que aventaban lumbre. Además sacaba la lengua así [gesto a manera de imitación], sacaba la lengua al tirador como saboreándose.

Y ya, por decir, a diez metros ¡otro disparo!; y ya no se acercaba el venado, nomás les sacaba la lengua el venado, ¡pero grande!, no creas que chiquillo ¡un venadote! Sacaba la lengua nada más...

Lo que dicen los buenos cazadores que hubo... que le miraban los ojos como brillosos y que... caminaba un poquito más, así, y se paraba otra vez. Y como la carabina treinta es de siete tiros dejaban uno pa... pa... ya mejor no le tiraban...

Bueno, y decían que era una protección de los animales, que eso era una protección de los animales que siempre habían matado. Porque los mataban encandilados con luz o cuando tenían que bajar al agua, eso es lo que decían.

Los mataban porque allí era... la gente cazaba de noche (...)

Y yo creo que ése podía ser... pos un apoyo para que ya no los cazaran de una forma tan inútil, ¿verdad? Porque los encandilan, los emboscan con ventaja cuando van al agua.

(Manuel López García; General Terán)

Véase: Armadillo, Cócono, Conejo, Coyote, Jabalí, León de la sierra, Lobo, Nagualismo, Oso, Pantera, Tejón, Tlacuache, Venado, Víbora, Zorra.

sábado, 10 de enero de 2009

Cadernal (Cardinalis cardinalis).

Ave de plumaje comúnmente rojo; afirman que es corajuda y, por tanto, no puede permanecer largo tiempo en cautiverio. Algunos añaden que se golpea contra las paredes de la jaula hasta causarse la muerte. Su nombre es una metátesis de “cardenal”.

lunes, 5 de enero de 2009

Camaleón (Physrnosoma cornutum).

Reptil al que se asigna influencia benéfica en cuestiones de amor; se utiliza como amuleto (disecado, molido). Además, nuestra gente le atribuye poder sobre los vientos y las aguas; acostumbra colgarlo de cercas y arbustos en tiempos de sequía para invocar corrientes de viento y lluvia. Se suele decir que se alimenta de aire y algunos lo llaman “torete”.

Todavía ahorita dicen que hay gentes que se protegen con animalitos del monte pa que haiga cariño.

Bueno, a mí me platicaba un muchacho amigo mío –ya hace muchos años–, me platicaba que el camaleón era muy bueno porque lo matabas y lo ponías a secar, y ya seco lo molías. Y afirmaba que luego se usaba el polvo, ¿verdad?, para echarle a las mujeres. Entonces las mujeres ¡pos se casaban o se enamoraban de aquella persona!, de aquella persona que les echaba polvo de camaleón...

La gente más antes pescaba el camaleón... ya ven que ese animalito tiene unos cuernos, bueno, ahí en esos cuernos le amarraban cualquier hilito y lo colgaban, y cuentan que a los dos, tres días, se venía el agua, la lluvia.

Pero ésas eran costumbres que ya pasaron, porque ahorita no, –cómo les diré– ahorita la gente pos no es creyente.

(Juan Cruz Alonso y Jesús Cruz Alonso; Lampazos)

Los camaleones son pa la buena suerte. En mi sierra sí hay porque una vez pisamos dos yo y mi abuelo. Andábamos por entre el monte siguiendo unos venados y salieron dos animalillos de ésos. Son así como sapos, pero de color gris y con bastantes puntitas arriba, puntitas así como las que tienen las iguanas.

Esos camaleones mi abuelito los mató con el rifle, ¡pero ni les salió sangre!, y cuando se los echó a la bolsa iban pataleando, casi vivos.

Se los echó a la bolsa y luego ¡pal mes o dos! ya decía la gente “¡ah, Valeriano trae... si bieras visto la muchachona que trae!”. Y eso que ya... ya está viejo mi abuelo. Bueno, pues así como está de viejo, decían “¡no, si bieras visto la muchachona que trae Valeriano, nombre, te asustas!”.

Ese camaleón que mató y guardó mi abuelo se fue acabando en la bolsa y quedaron los puros huesos; después de traerlo en la bolsa tanto tiempo se secó el animalito.

Trayendo un camaleón se te pegan las muchachas. Haz de cuenta que alguien dice “¡ira! qué bonita aquella muchacha”; así, la muchacha al ver a alguien que porta un camaleón presiente algo –pero por el animalito. Entonces ella va y le habla al muchacho (la mujer sola, sin que el hombre le hable). Va la muchacha sola a declarársele al chavo, y eso es por el animalito, por el camaleón.

En el pueblo yo he visto a mucha gente que los trae, o sea... más bien les he tocado las bolsas donde los llevan; así, a amigos míos les atoco las bolsas y les digo:

–¿Qué traes ahí?

–Nombre, nada –contestan, pero no les creo.

–¡Órale!, me tienes que decir qué traes ahí.

Así, hasta que algunos me dicen por fin qué traen. Entonces sacan el camaleón forradito pa que no se acabe, pa que dure muchos años.

Eso lo he notado en primos y amigos. Un amigo y un primo míos tienen un rancho llamado La Hacienda Villafaña, que está en la salida de Monterrey, allá donde termina Monterrey. Ellos usan el camaleón, o sea, van a la cacería y matan animales de ésos, y cuando los venden, los venden en dos o trescientos mil pesos, máximo cuatrocientos; así, camaleones grandotes y chiquitos.

(Víctor Hugo Briones Valdez; Rayones)